ANÁLISIS LITERARIO
EL CUERVO
DEISY ALEJANDRA PARRA TOCUA
INSTITUCIÓN EDUCATIVA MANUEL HUMBERTO
CÁRDENAS VÉLEZ
OCTAVO-1
2016
ANÁLISIS LITERARIO
EL CUERVO
ISABEL AVILA Y ROSANA
DEISY ALEJANDRA PARRA TOCUA
INSTITUCIÓN EDUCATIVA MANUEL HUMBERTO
CÁRDENAS VELÉZ
OCTAVO-1
2016
ACEPTACIÓN
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CONTENIDO
I.INTRODUCCIÓN 5
I.JUSTIFICACIÓN 6
III.OBJETIVOS 7
IV.RESUMEN
-CAPITULO I. 8
-CAPITULO II.
-CAPITULO III.
-CAPITULO IV.
-CAPITULO V.
VI.BIOGRAFIA 10
OBJETIVOS
I. OBJETIVO GENERAL
- Sacar buena nota para el área de español y tecnología , y dejar satisfechos a los docentes.
II. OBJETIVO ESPECÍFICO
-Indagar sobre las intenciones de mi búsqueda y realización del trabajo a los docentes del área de español y tecnología
RESUMEN
CAPITULO I.
Cierta vez, en la lúgubre medianoche, mientras meditaba, débil y fatigado, sobre el raro y preciso un volumen de una olvidada doctrina, y casi dormido se inclinaba mi cabeza, oí de pronto un crujido como si alguien golpease tímidamente en la puerta de mi habitación .
"Debe ser alguien visitante murmuré que llama a la puerta de mi alcoba: eso es, y nada más". ¡Ah! recuerdo con claridad que esto me ocurrió en el glacial diciembre y que cada tizón proyectaba en el suelo el reflejo de su agonía. Ardientemente deseé que amaneciera; y en vano me esforcé en buscar en los libros un lenitivo a mi tristeza, mi tristeza por eonora perdida, por la preciosa y radiante joven
a quien los ángeles llaman Leonora, ya a la que aquí nadie volverá a llamar.
CAPITULO II.
En ese momento me sentía mas fuerte. No vacilando, pues, más tiempo, dije: "caballero, o señora, imploro su perdón, más como estaba medio dormido, y ha llamado usted tan suave a la puerta de mi habitación, apenas si estaba seguro de haberlo oído". Y entonces abro la puerta de par en par :
¡Las tinieblas y nada más!
Escudriñado con atención estas tinieblas, durante mucho tiempo quedé lleno de asombro, de temor, de duda, soñando con lo que ningún mortal se ha atrevido a soñar; pero el silencio no fue turbado y la inmovilidad no dio ningún signo; y el único hombre proferido fue un hombre murmurado: "¡leonora!" Era yo el que murmuraba, y a su vez un eco repitió este nombre: "¡leonora!" Eso, y nada más.
CAPITULO III.
Entonces empujé la persiana, y, con un tumultuoso batir de alas, entro majestuoso un cuervo digno de las pasadas épocas. El animal no hizo la menor reverencia; no se paró, no vaciló, ni un minutó; pero, con el aire de un lord o de una lady, se coló por encima de la puerta de mi habitación posándose sobre un busto de palas, precisamente encima de la puerta de mi alcoba: se posó, se instaló, y nada más.
Pero el cuervo, solitariamente posado sobre el plácido busto, no profería más que esas palabras, como si en ellas difundiese su alma entera . No pronunciaba nada más; no movía una pluma, hasta que comencé a murmurar débilmente:
"Otros amigos ya han volado lejos de mí; hacia la mañana, también él me abandonará como mis antiguas esperanzas". El pajaro dijo entonces:
¡Nunca jamás!
CAPITULO IV.
Pero como si el cuervo indujera a mi alma triste a sonreír de nuevo, acerqué un asiento de mullidos cojines frente al ave, el busto y la puerta; entonces, arrellanándome sobre el terciopelo, quise encadenar las ideas buscando lo que auguraba tiempos quería hacerme comprender al repetir sus
¡Nunca jamás!
Entonces me pareció que el aire se espesaba perfumado por invisible incensario balanceado por serafines, cuyos pasos rozaban la alfombra de la habitación. "¡Infortunado! Exclamé; tu dios te ha enviado por sus ángeles, una tregua, un respiro y una nepenta para que olvides tus tristes recuerdos de Leonora. ¡Bebe! ¡Bebe esa deliciosa nepenta y olvida a la Leonora perdida! El cuervo dijo:
"¡Nunca jams!"
CAPITULO V.
"¡Profeta! dije, ¡Ser de desdicha!, ¡Pájaro o demonio!, Más al fin profeta!, por el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas, por ese Dios que ambos adoramos, di a esa alma llena de dolor si en el lejano Paraíso podrá abrazar a una santa joven, que los ángeles llaman Leonora, abrazar a una preciosa y radiante joven, que los ángeles llaman Leonora. El cuervo dijo:"¡Nunca jamás!"
Y él cuervo inmutable continúsa instalado allí, sobre el pálido busto de palas, precisamente encima de la puerta de mi habitación, y sus ojos se parecen a los ojos de un demonio que sueña; y la luz de la lámpara, cayendo sobre él, proyecta su sombra en el suelo; y mi alma, fuera del circulo de esta sombra que yace flotante sobre el suelo, no podrá volverse a elevar.
¡Las tinieblas y nada más!
Escudriñado con atención estas tinieblas, durante mucho tiempo quedé lleno de asombro, de temor, de duda, soñando con lo que ningún mortal se ha atrevido a soñar; pero el silencio no fue turbado y la inmovilidad no dio ningún signo; y el único hombre proferido fue un hombre murmurado: "¡leonora!" Era yo el que murmuraba, y a su vez un eco repitió este nombre: "¡leonora!" Eso, y nada más.
CAPITULO III.
Entonces empujé la persiana, y, con un tumultuoso batir de alas, entro majestuoso un cuervo digno de las pasadas épocas. El animal no hizo la menor reverencia; no se paró, no vaciló, ni un minutó; pero, con el aire de un lord o de una lady, se coló por encima de la puerta de mi habitación posándose sobre un busto de palas, precisamente encima de la puerta de mi alcoba: se posó, se instaló, y nada más.
Pero el cuervo, solitariamente posado sobre el plácido busto, no profería más que esas palabras, como si en ellas difundiese su alma entera . No pronunciaba nada más; no movía una pluma, hasta que comencé a murmurar débilmente:
"Otros amigos ya han volado lejos de mí; hacia la mañana, también él me abandonará como mis antiguas esperanzas". El pajaro dijo entonces:
¡Nunca jamás!
CAPITULO IV.
Pero como si el cuervo indujera a mi alma triste a sonreír de nuevo, acerqué un asiento de mullidos cojines frente al ave, el busto y la puerta; entonces, arrellanándome sobre el terciopelo, quise encadenar las ideas buscando lo que auguraba tiempos quería hacerme comprender al repetir sus
¡Nunca jamás!
Entonces me pareció que el aire se espesaba perfumado por invisible incensario balanceado por serafines, cuyos pasos rozaban la alfombra de la habitación. "¡Infortunado! Exclamé; tu dios te ha enviado por sus ángeles, una tregua, un respiro y una nepenta para que olvides tus tristes recuerdos de Leonora. ¡Bebe! ¡Bebe esa deliciosa nepenta y olvida a la Leonora perdida! El cuervo dijo:
"¡Nunca jams!"
CAPITULO V.
"¡Profeta! dije, ¡Ser de desdicha!, ¡Pájaro o demonio!, Más al fin profeta!, por el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas, por ese Dios que ambos adoramos, di a esa alma llena de dolor si en el lejano Paraíso podrá abrazar a una santa joven, que los ángeles llaman Leonora, abrazar a una preciosa y radiante joven, que los ángeles llaman Leonora. El cuervo dijo:"¡Nunca jamás!"
Y él cuervo inmutable continúsa instalado allí, sobre el pálido busto de palas, precisamente encima de la puerta de mi habitación, y sus ojos se parecen a los ojos de un demonio que sueña; y la luz de la lámpara, cayendo sobre él, proyecta su sombra en el suelo; y mi alma, fuera del circulo de esta sombra que yace flotante sobre el suelo, no podrá volverse a elevar.
¡Nunca jamás!
PERSONAJES
-El cuervo
-Narrador
BIOGRAFIA
(Boston, EE UU, 1809 - Baltimore, id., 1849) Poeta, narrador y crítico estadounidense, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. La imagen de Poe como mórbido cultivador de la literatura de terror ha entorpecido en ocasiones la justa apreciación de su trascendencia literaria. Ciertamente fue el maestro del género, e inauguró además el relato policial y la ciencia-ficción; pero, sobre todo, revalorizó y revitalizó el cuento tanto desde sus escritos teóricos como en su praxis literaria, demostrando que su potencial expresivo nada tenía que envidiar a la novela y otorgando al relato breve la dignidad y el prestigio que modernamente posee.
Edgar Allan Poe perdió a sus padres, actores de teatro itinerantes, cuando contaba apenas dos años de edad. El pequeño Edgar fue educado por John Allan, un acaudalado hombre de negocios de Richmond. Las relaciones de Poe con su padre adoptivo fueron traumáticas; también la temprana muerte de su madre se convertiría en una de sus obsesiones recurrentes. De 1815 a 1820 vivió con John Allan y su esposa el Reino Unido, donde comenzó su educación.